Ocurre de forma habitual que a un trabajador no le gusta el empleo que tiene y no quiere volver a él. Y ahí surgen dudas sobre cómo hacerlo y qué pasa si se abandona el puesto de trabajo sin renunciar.
¿Qué pasa si dejo de ir a trabajar sin motivo?
Dejar de ir a trabajar sin motivo se considera ausencia injustificada. Hacer esto puede tener consecuencias laborales y legales.
En función de la gravedad de la falta, su frecuencia y otros elementos, las consecuencias de dejar de ir a trabajar sin motivo pueden ser las siguientes:
- Amonestación verbal o escrita. Es la consecuencia más leve, la primera medida disciplinaria que se suele tomar para avisar al trabajador de que su comportamiento no es correcto y que no debe repetirse.
- Suspensión de empleo y sueldo. Con eso, el trabajador no acudirá a su puesto de trabajo durante un tiempo y tampoco recibirá su salario.
- Daño a la relación laboral. Las faltas injustificadas pueden hacer que se pierda la confianza de la empresa en el trabajador, afectando al desarrollo profesional y al crecimiento dentro de la compañía, entre otras cosas.
- Despido. El despido es la consecuencia final y más grave, que suele ocurrir cuando las faltas injustificadas son graves o se repiten en el tiempo tras un aviso.
- Dificultades para encontrar un nuevo trabajo. Cuando se busca un nuevo trabajo, es muy habitual que se soliciten referencias de empleos anteriores. Si ha habido un despido por faltas injustificadas será más difícil ser contratado de nuevo.
- Daño a la imagen profesional. Una persona que falta al trabajo sin ningún tipo de justificación no es un buen profesional.
¿Decidir renunciar o abandonar el trabajo?
La diferencia entre renunciar y abandonar el trabajo es importante.
A la dimisión formal de un empleo, habitualmente a través de un documento escrito y con el debido preaviso, se le llama renuncia.
El abandono del trabajo se da cuando no se acude al puesto de trabajo sin aviso, generando posibles consecuencias negativas.
Por lo que hemos visto, la opción más positiva para el trabajador es renunciar al trabajo.
¿Cuántos días hay que faltar al trabajo para que me despidan?
El Estatuto de los Trabajadores, principal ley reguladora de las relaciones laborales, no recoge un número exacto de días para que te despidan. Sin embargo, tres ausencias injustificadas son suficientes para un despido disciplinario. A pesar de esto, la empresa podría despedirte sin llegar a estas tres faltas cuando la ausencia provoca un perjuicio grave en la empresa, o si el convenio colectivo lo regula de manera diferente.
¿Qué consecuencias tiene no renunciar a un trabajo?
Si no renuncias a un trabajo y, simplemente, dejas de acudir a tu puesto puedes perder la indemnización por despido que te pertenece y también tu derecho a cobrar la prestación por desempleo, pudiendo ser considerado un despido disciplinario por abandono de trabajo.
En otros casos, también pueden descontarse salarios del finiquito por no preavisar y tener más dificultades a la hora de encontrar otro trabajo.
¿Qué recoge la Ley acerca de los días de ausencia injustificada en el trabajo?
La ley reguladora básica para las relaciones laborales es el Estatuto de los Trabajadores, y en él no se fija un número específico de días de ausencia sin justificar que provoque un despido o consecuencia directa pero sí establece que las faltas repetidas e injustificadas pueden ser causa de despido disciplinario.
Las empresas pueden sancionar estas ausencias, normalmente comenzando por una amonestación o suspensión de empleo y sueldo, según lo que establezcan el Estatuto de los Trabajadores, el convenio colectivo y otras normas internas de la empresa.
¿Qué compensación económica recibiré si renuncio voluntariamente?
Si dimites o renuncias voluntariamente al trabajo, te pagarán el finiquito. En él se incluyen los salarios pendientes de cobrar por los días que se ha trabajado, las vacaciones que no se han disfrutado y la parte proporcional de las pagas extras.
Es decir, no tienes derecho a indemnización pero sí a todos los conceptos salariales que hayas generado hasta la fecha de tu dimisión.
Es importante conocer las consecuencias de dejar de ir a trabajar sin renunciar, que son esencialmente el despido sin indemnización, la imposibilidad de cobrar el paro y más dificultades para encontrar un nuevo trabajo. Por eso, lo mejor en estos casos es llevar a cabo una dimisión formal.
